viernes, 24 de noviembre de 2006

ADIÓS A UN RECINTO HISTÓRICO


Recopilado del Diario de León

El Emperador situó a León en el circuito nacional de las grandes representaciones teatrales desde que levantó el telón el 22 de septiembre de 1951 con la revista «Sueños de Viena». Después de 55 años, sus últimos espectadores verán caer el telón con la escena final de «Cinema Paradiso»



Los leoneses decidieron con sus votos el nombre del teatro

Juan Vázquez


«En el teatro todo es una trampa, todo es mentira», comenta Tino González Muñoz, el alma del teatro Emperador, al que ha dedicado casi 49 años de su vida, aunque si nadie lo remedia, la gran sala de León se enfrentará a la cruda realidad de su cierre definitivo cuando el martes caiga para siempre el telón con la escena final de la película Cinema Paradiso, seleccionada con toda intención para cerrar el ciclo de cine con entrada gratuita con el que la empresa Elde ha querido que el Emperador se despida de los leoneses. «Está viniendo mucha gente; yo creo que más por estar una vez más en el teatro que por ver las películas, porque quien más o quien menos, todo el mundo en León tiene recuerdos muy ligados a él», dice. Pero quien más recuerdos tiene es seguramente el propio Tino, que prácticamente ha pasado toda su vida en la Empresa Leonesa de Espectáculos (Elde) y en el Emperador. «Empecé a los siete años vendiendo caramelos con mi hermano en el teatro Principal; nos daban el siete por ciento. Cuando inauguraron el Trianón, que lo construyeron por el tirón del Emperador, me ofrecieron el diez por ciento y para allá me fui. Después, porque no tenía ni la edad, empecé de botones en Elde, que me hicieron un uniforme precioso, que parecía un almirante; por eso yo siempre digo que aquí empecé de ojales, que es menos que botones», explica Tino mientras hace de guía en un recorrido por las entrañas del teatro, llenas de vericuetos ocultos para el espectador. «Llevo aquí casi cincuenta años y estoy seguro de que hay algún rincón en el que todavía no he estado, y eso que he intentado estar en todos», asegura. Paradójicamente, pese a haber pasado toda su vida en el teatro, Tino tiene auténtico pavor a aparecer en público, e incluso hubo que recurrir al chantaje emocional de la amistad y del cierre del Emperador para que accediera a participar en este reportaje. «Imagínate que incluso cuando tengo que salir en una obra para hacer algo en el escenario, aún sabiendo que la gente no me verá más que como a una sombra, siempre me cubro con un capillo de papón», comenta.

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